| ¿QUÉ
SÓN LOS MENINOS Y MENINAS DA RUA?
Son millones de niños que viven
situaciones difíciles de abandono y carencia social absoluta
en las calles de las principales ciudades de Brasil, faltos de cualquier
vínculo familiar. En definitiva, son "ciudadanos sin
derechos". La grave situación de estos niños
no es una nueva noticia para nadie, pero desde que tuvimos el encuentro
con el MNMMR en Vic entendimos que el problema era mucho más
grave que meras estadísticas y noticias de telediario. En
Brasil mueren muchos jóvenes a causa de la droga, abusos
sexuales e incluso el exterminio directo por parte de asociaciones
(escuadrones de la muerte) que buscan limpiar la calle de aquellos
que no pueden entrar en el sistema, ya que este los ha excluido
por tratarse de niños abandonados, pobres, o por no tener
familia. Por de pronto, la realidad es que siete millones de niños
—según algunas ONG, porque no existen cifras oficiales
exactas— viven o pasan la mayor parte de su tiempo en la calle
"por el propio deseo de ganar dinero y por la imposición
de la familia, que les obligan a trabajar para aportar algún
sustento al hogar". La mayor parte de estos menores se dedican
a la venta ambulante, realizan servicios, limpian los parabrisas
de los coches, etc., y muchos son víctimas de la violencia
de la calle, acaban pasando droga, o cometen pequeños delitos.
Uno de los únicos aspectos positivos en este escenario, es
que un porcentaje elevado de estos menores consigue acudir con frecuencia
a la escuela. Sin embargo, el sistema educativo brasileño
debería contar con más recursos para abordar este
estado de cosas, y ofrecer una alternativa real a estos niños
y jóvenes..
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¿POR QUE
ESTE PROYECTO?
En Vic estuvimos con los meninos y meninas,
niños como cualquiera de los de aquí, con expectativas,
ganas de vivir y ser feliz, los cuales, aunque solo por azar, habían
entrado en un proyecto de intercambio y que, por una vez en su vida,
tenían la oportunidad de viajar a otros países y conocer
otra gente, otras realidades. No obstante, algunos de estos jóvenes,
al regresar a Brasil, se ven obligados a volver a la calle ya que
la asociación no tiene capacidad para alojar a todos los
que lo necesitan.
En un año donde parece que lo brasileño
está de moda en toda Europa, ya sea en el fútbol,
la ropa o la música, Bloc Quilombo quiere impulsar este proyecto
y hacerlo público con el fin de que la gente que consume
ropa brasileña, ve los partidos de fútbol de las grandes
estrellas del brasil y va a la discoteca a escuchar batucada y samba
hasta el amanecer, entienda que Brasil no es únicamente eso,
sino que también es uno de los países más pobres
del mundo, en el cual cada día muere gente de hambre o asesinada;
Con todo, un pueblo maravilloso, festivo y amable, que lucha desde
hace siglos por mejorar su situación.
Es por estas razones que queremos participar
en el proyecto que surgió del encuentro ya comentado. Girona
Percussió participará en el proyecto haciéndose
responsable de recaudar fondos para la compra de los instrumentos
necesarios, así como de aconsejar a los chavales de cómo
deben organizarse con las tareas de una banda (creación,
ensayos, promoción, puesta en escena, economía), aprovechando
la larga experiencia del grupo.
El atractivo de este proyecto reside sobre todo en este último
punto: no se trata de que un grupo de aficionados a la música
brasileña vaya al país de donde ésta es originaria
e intente aleccionar sobre cómo tocar samba en su cuna; sino
de cómo aprovechar la experiencia en la gestión y
organización de un grupo como Bloc Quilombo para transmitir
así a los meninos/as las ganas de crear y autorganizarse.
Que aprendan a imponerse horarios a sí mismos para ensayos,
hacer actuaciones, charlas, reparar instrumentos y conseguir así
que pasen el mínimo tiempo posible en la calle.
Se trata de utilizar la música como excusa y reclamo para
los niños, a fin de atraerles a la asociación y poder
hablar con ellos para, finalmente, motivarlos. No hay que olvidar
que la música es un gran aliciente, sobre todo la percusión,
la cual permite a quien la toca, desahogarse y evadirse de un mundo
mal repartido y egoísta de una forma natural y sana.
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